CELEBRACIONES

Si ceremonia es la manifestación pública de los sentimientos del corazón o acto público o privado celebrado con solemnidad y según ciertas normas establecidas por ley o por la costumbre para dar culto a las cosas divinas u  honor a las profanas o laicas, en si misma trae consigo una celebración.

El hombre no puede dejar de celebrar, si lo hace mutilaría algo de sí, dejaría de ser él mismo. Pero ¿qué tiene que ver la celebración con el hombre? Tiene que ver mucho, pues ella se basa en la dimensión expresiva y festiva del hombre, dimensión innata y esencial en él, por ello celebrar es sinónimo de «hacer fiesta», o sea, jugar en el sentido más positivo de este término.

En el lenguaje común latino estas palabras tenían como objeto las fiestas paganas, los juegos del circo y los espectáculos en general, con un evidente matiz popular, comunitario e, incluso, religioso. La palabra celebrar y sus derivadas se cargaron de acepciones honoríficas, para con los dioses y para con los hombres que eran venerados –por ejemplo, los héroes de la guerra o
los atletas-, aludiendo también a las manifestaciones externas del honor y la
veneración (boato, solemnidad, etc.).


Por eso celebrar es una actividad libre, gratuita, desinteresada, inútil, es decir, no utilizable con fines extrínsecos, aunque llena de sentido y orientada a poner en movimiento las energías del espíritu y la capacidad de trascender lo inmediato y ordinario para abrirse a la belleza, a la libertad y al bien como referencia que provoca un recuerdo o un sentimiento común.

Hemos querido englobar en este apartado todas aquellas celebraciones que entran dentro de las que podemos llamar "tradicionales" como es el bautizo, Primera Comunión, festividad de los quince años, dieciocho cumpleaños, matrimonio, aniversarios y entierro.